#Oaxaca, tan bello como extraño

En Oaxaca suceden cosas muy extrañas. Bueno, al menos esa fue la impresión que tuvimos en nuestro último viaje a esa bella ciudad situada sobre el continente flotante de Oaxaquia. De eso luego les platico: es otra de sus singularidades.

En esta ocasión, mientras caminábamos por las asoleadas calles de la ciudad, era muy difícil salir de nuestro asombro al tratar de dilucidar los intríngulis en que estuvo envuelto el bello -y por demás impresionante- convento de Santo Domingo; lujo y tesoro de la ciudad que fue construido bajo la admirable tutela de los dominicos, a costa del trabajo y el esfuerzo de la población que residía en estos lares; claro: seducida, impresionada y “endiosada” con las palabras y los sermones de esos impresionantes y novedosos individuos de tez clara, adornada con espesa barba, quienes vistiendo extraños ropajes les decían con voces doctas y sabedoras, que los dioses que les habían traído desde tierras lejanas, eran mucho mejores que los que ellos adoraban; mismos que debían de ser destruidos por ser símbolos del mal.

A lo que esta gente, temerosos de que las rotundas frases dichas con tanta prosopopeya, fueran confirmadas por castigos terrenales -en algunos casos llevados a extremos del cadalso (consultar códices de la época)- a los que serían agregados terribles escarmientos en el más allá. Por eso fue que con susto, gusto y algo más que temor, inocentemente se afanaron en construirlos bellamente. Así fue que estas magníficas construcciones pasaron a ser testigos de esa terrible época histórica de la conquista, llena de increíbles claro-oscuros. 

Las infamias que se cometieron (no dudo de buena fe) en nombre del Señor, no dejaban de atormentar a nuestras mentes agobiadas por el solazo que aporreaba el enorme atrio adoquinado, cuando… al cruzar la calle ‘un puesto muy bien puesto’ de nieves, se apareció frente a nuestros ojos como bajado del cielo, quizá como compensación a nuestros conflictos mentales sobre las atrocidades monacales cometidas en aquellos tiempos.

-¿Cuál es la nieve más típica de aquí?- Le pregunté a la apuesta muchacha de claros rasgos zapotecos que orgullosamente nos ofrecía las heladas exquisiteces típicas de la región.

-Pues, la mejor es la de tamarindo con chapulín- nos dijo.

-¿Tamarindo con chapulines, de los de a de veras?- pregunté azorado.

-Si. Saben ricos; porque al estar gozando lo agridulce del tamarindo, la patita del chapulín tostado le da un rico gusto saladito que es lo mero bueno- nos dijo con tono picaresco.

-Dame uno doble por favor- le contesté de inmediato.

¡Bue-ní-si-mo es poco! Extraño, sin dudarlo.

Debo de aclarar que los chapulines tostados, son una botanita muy solicitada en estos lugares. Proteína pura y sana al 100%, porque se alimentan solo de hierbitas entre los plantíos de alfalfa. Se venden en cualquier mercado o centro botanero. ¡La sana proteína del futuro!

Otra “delicatessen” es el famoso “Tejate”: una bebida hecha a base de maíz, cacao, piloncillo y flores molidas de cacao, que es la espuma blanca que flota sobre el refresco. Desde una enorme cazuela, la deliciosa bebida es servida en pequeñas jícaras artesanales limpísimas y bellamente decoradas, provenientes de la cáscara del fruto del árbol llamado “Morro”. La cazuela de barro; la limpia espuma; el jarrito a un lado con las blancas flores del cacao, y el altero de jicaritas decoradas con brillantes colores en el otro, hacen marco a la agraciada muchacha de tez morena brillante, con su blanquísimo mandil cubriendo al artístico y colorido huipil que combina con los moños tejidos en sus trenzas… hacen un bello conjunto que se antoja comprarlo así entero, para llevarlo a exhibir en algún museo. Del Téjate mejor ni hablamos: refresca el paladar; acaricia el estómago; reanima al alma y endulza los sentimientos. No. ¡No exagero!

Todo esto es tan solo una probadita del espíritu de este hermoso pueblo zapoteco y mixteco que pudimos disfrutar, con los descansos reglamentarios que por las tardes disfrutábamos en un pequeño y bello hotelito llamado “De la Parra”, que está por la calle de Guerrero, así nomás a la vueltita del divertido y concurrido Zócalo o Plaza Principal, al lado de la Catedral.

La van a gozar, si ponen atención a los pequeños detalles como éstos que aquí les platicamos…

 

El Informador