La obra escultórica de Augusto Escobedo en Villahermosa

Desde los orígenes de la civilización, la escultura ha estado presente en la vida del hombre jugando diferentes papeles; en un inicio, formaba parte de todo un sistema mítico-religioso, desempeñando un rol utilitario que ayudaba a dar sentido a ritos y prácticas mágicas; posteriormente, ayudó a propagar y cimentar sistemas religiosos y hegemónicos; para después, llegar a una época en la que proliferaron grandes talleres y mecenas, que potenciaron la escultura y otras artes, dando un sentido renovado a éstas, en el que se procurará buscar y alcanzar, ciertos preceptos de belleza, que serán diferentes según época, autor, estilo o corriente.

Así pues, la escultura a lo largo de milenios, ha sido dispuesta como un elemento esencial en el embellecimiento de ciudades, parques, plazas, áreas verdes, el interior de residencias, palacios, castillos, entre otros.

La ciudad de Villahermosa no ha sido la excepción y al igual que en otras ciudades, su pueblo, a través de sus gobernantes, ha procurado su embellecimiento, así como el reconocimiento a sus héroes y personajes ilustres, que por medio de la escultura, han sido representados en sus múltiples fuentes y monumentos que armonizan a lo largo y ancho de la cabecera municipal y en algunas zonas rurales. Actualmente, la ciudad tiene un amplio inventario de 70 monumentos (67 urbanos y 3 rurales) y 57 fuentes (54 urbanas y 3 rurales), mismos que, se fueron construyendo y erigiendo a lo largo de los siglos XIX y XX, aportando identidad y distinción a las áreas donde estos yacen.

Durante el Gobierno del Lic. Carlos A. Madrazo Becerra (1959-1964), la ciudad fue testigo de la edificación y emplazamiento de algunas de las esculturas y fuentes más representativas e icónicas del paisaje urbano en Villahermosa, entre éstas destacan: la Fuente de los Niños Traviesos, el Monumento al Coronel Andrés Sánchez Magallanes (La Chichona), el Monumento al Coronel Gregorio Méndez (El Caballito), la Fuente a Tabasco (Fuente de los Pescadores), la Fuente Maya y la del Chorro, que dieron a la ciudad un aire de modernidad y junto a la obra civil que también se dio en el Estado, terminaron por situar a Villahermosa como una ciudad no sólo moderna, sino armoniosa y llena de vida.

Es durante este periodo que la obra de Augusto Escobedo encontró cabida en la ciudad de Villahermosa. Con un total de cuatro obras bajo su firma, Escobedo nos heredó un legado escultórico, que poco a poco, se ha ido fundiendo con el entorno urbano y la cotidianeidad villahermosina. Poco es conocida su vida y obra en el ámbito local, su trabajo se ha conservado en el anonimato, sus piezas observan impertérritas el pasar de la vida, con la esperanza de ser observadas, inmóviles. El presente artículo, busca exhibir y reconocer la obra de Augusto Escobedo en la entidad, como un breve y sencillo homenaje a ciento dos años de su natalicio.

Augusto Escobedo (México 1914 – Cuernavaca 1995)

“Ésta es la historia de un hombre que,

después de haber intentado todos los

caminos, se encontró a sí mismo.”

De manera general, se tiende a estigmatizar o encasillar a los artistas dentro de una sola disciplina, ignorando de manera deliberada los distintos ámbitos a los que estos se acercan a la eterna búsqueda por la belleza y sus distintos matices. Antes de escultor, Escobedo se ocupó de distintos menesteres que fueron forjando su carácter, técnica y visión. Fue taxista; guía de turistas; incursionó en la poesía; también se desarrolló como canta autor, estudiando piano y composición en el Conservatorio Nacional de Música, para posteriormente dedicarse algunos años a la pintura; desbordando finalmente en la escultura, que le dará satisfacción y reconocimiento.

Nacido en el mismo año que José Revueltas, Octavio Paz y Efraín Huerta; fue hasta los 39 años que encontró en la escultura, un espacio donde desbocar sus pasiones, descubriendo posibilidades para mostrar sus habilidades tridimensionalmente, pasando del lienzo a la escultura, retratando algunas amistades y posteriormente destacando con la temática de la maternidad. Caracterizaron su primera etapa, obras en formatos pequeños y con una amplia variedad de materiales. De la mano del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, encontró lugar para la escultura civil y de gran formato, con la que se dio a conocer en la capital mexicana, su provincia y el extranjero. Su obra está presente en ciudades como Montreal, Canadá (Joie de Vivre, 1966); Frisco, Estados Unidos (The Sisters, 1960); Universal City, Universal Studios, Estados Unidos (Niños Jugando, 1960); entre muchas más que se pueden encontrar en ciudades mexicanas como el Distrito Federal, Durango, Veracruz, por mencionar algunas.

Preocupado siempre por que su obra jugara un doble papel (decorativo y funcional), en sus fuentes con niños, Escobedo logra sin problemas su cometido, permitiendo recrear la vista y crear juegos de agua. Villahermosa cuenta con cuatro trabajos memorables del maestro Escobedo: Fuente de los Niños Traviesos, Monumento al Coronel Gregorio Méndez, Atleta portando la antorcha olímpica (todas de 1961) y Fuente a Tabasco (1964), mismas que se presentan y revisan a continuación.

Monumento al Coronel Gregorio Méndez Magaña

El monumento al Coronel Gregorio Méndez (coloquialmente conocido como “El Caballito”) está ubicado en el cruce de la avenida que lleva el mismo nombre del héroe tabasqueño y la Av. 27 de Febrero, dentro de los limites de la colonia Atasta de Serra, de esta ciudad. Es la segunda ubicación desde que, la primera vez (1964), fue situada en el cruce de Av. Paseo Tabasco y Av. 27 de Febrero (frente a la Catedral del Señor de Tabasco), siendo reubicada en la década de 1990 después de la visita de Juan Pablo II a la entidad.

El mito de la “escultura ecuestre” sugiere que, cuando dos de las patas del equino están al aire, el jinete ha muerto en batalla, mientras que, cuando es sólo una la pata al aire, el jinete fue herido en batalla y muerto producto de la herida. El Coronel, a pesar de la posición del caballo, no fue muerto en batalla, ni por herida en una, lo que no es más que una imprecisión histórica que vale la pena recalcar. En una visita en la década de 1980 de Escobedo a la ciudad, fue cuestionado sobre

esta imprecisión, respondiendo que él sólo cumplía órdenes del Lic. Madrazo. Lily Kissner, quien más ha estudiado su obra, sugiere que, “describe un lapso de lucha aguerrida.”

El fundido del bronce con qué está hecho el monumento, fue realizado por Fernando Díaz, quien presuntamente fue su fundidor de cabecera. Como dato curioso vale la pena señalar, de manera lamentable, que es la única obra del maestro que está identificada con placa.

Continuará…

Twitter: @jairgvv